domingo, 20 de junio de 2010

Viaje a la semilla

Aarón golpeó el despertador, y éste comenzó a sonar. El estridente y molestoso sonido lo arrulló hasta que entró en el estado más tranquilo de la mente: el sueño.
En seguida despertó sobresaltado, y apagó el despertador. Sintió un frío sudor en la espalda, la respiración se le aceleró.
Había pasado de nuevo.
Desde aquel extraño suceso de la casa desaparecida de la noche al día, el tiempo había comenzado a trastornarse en Ciudad Juárez.
Ya a todos les había pasado al menos una vez, el tiempo se desordenaba pasando de una línea recta a momentos de caos absoluto. Las acciones se rebobinaban para suceder otra vez, tomar otro desenlace o volverse una maraña de recuerdos desordenados y sin sentido.
Aarón se dirigió desde su cuarto a la cocina, repitiendo el segundo paso tres veces, y comenzó a preparar su desayuno. Sentía como si su cabeza se hubiese sido zarandeada muy fuertemente, pues el cerebro humano no era capaz de procesar esos turbios desfases de tiempo, pero ya no era un dolor martilleante como en los primeros meses pasado el incidente de la casa.
Aún así, Aarón no era capaz de acostumbrarse a enredados episodios que vivían ocasionalmente los habitantes de Ciudad Juárez.
Su hermana, Isabel, entró en la cocina, visiblemente trastornada y con el pelo desordenado, señal de una persona que acababa de desvelarse.
-¿Lo sentiste también?-, dijo Isabel.
- Si, pero creo que no haya pasa …-, Aarón no había completado la frase cuando otra anomalía lo obligó, literalmente a tragarse sus palabras.
- asap ayah on oerc…-
Cuando la anomalía dejó de ejercer su aplastante influencia sobre Aarón, éste inmediatamente calló.
Isabel lo agarró fuertemente del brazo, y así permanecieron, mirando confusos el techo, pues no sabían donde mirar, hasta que sintieron que pasó.
Todo comenzó a cobrar normalidad, y Aarón comió lentamente su tazón de cereal, mientras su hermana leía el diario.
- Parece que ayer una anomalía revivió a un tipo que había sido atropellado, ¡devolviéndolo a 5 minutos antes del atropello!-, dijo Isabel, mirándolo sorprendida por encima del diario.
- Vaya, eso sí es suerte.- dijo Aarón, tomando la última cucharada de su cereal.
- ¿Ocurrió otra cosa que deba saber? -
-No, sólo un par de tiroteos de narcos y otra aburrida entrevista al ministro de economía. -
Algo inquietaba a Aarón. Los diarios hablaban sobre tiroteos, política, accidentes, narcotráfico, guerras, y últimamente sobre casualidades o hechos interesantes ocurridos en desfases de tiempo.
Pero no hablaban sobre algo que se rumoreaba ocurría ocasionalmente en Ciudad Juárez. Se decía que, a veces, casas desaparecían sin dejar huella, y sus habitantes con ellas. Aarón había visto un par de sitios vacíos donde antes habían casas, pero todos los atribuían a las demoliciones que se habían vuelto comunes por la gente que, no pudiendo soportar los desfases de tiempo, huía de la ciudad.
Sin embargo, en el último mes, el ambiente en Ciudad Juárez se había tensado considerablemente. Los desfases de tiempo se volvieron más comunes, y últimamente los sitios eriazos parecían volverse pan de cada día.
Algunos decían que las personas que desaparecían quedaban atrapadas por anomalías del tiempo que los devolvían a su niñez, hasta que se deshacían, pero Aarón no les creía.
Se levantó, y se dirigió al lavabo para dejar su tazón. Pero antes de que pudiera llegar a la mitad del camino, el desafortunado gato de Aarón se cruzó en el camino y hizo tropezar a Aarón, que cayó al piso. El plato de cereal cayó frente a Aarón y se deshizo en miles de pedazos que quedaron diseminados por todo el piso de la cocina.
- Ahora yo podría usar algo de la suerte que tuvo el tipo ese … ese opit le ovut euq etreus ed ogla rasu aírdop oy arohA -
Los miles de pedazos del tazón cobraron vida propia y se recompusieron, como en una filmación en reverso.
El tazón volvió a la mano de Aarón, que ya había recuperado el equilibrio, destropezandose con el gato.
- Vaya, ¡pues si me tocó la suerte esa!-
Isabel tenía los ojos muy abiertos, y miraba asustada alrededor.
- Hoy es mucho más fuerte que normalmente Aarón. -
- No te preocupes, fue mala, o buena suerte simplemente. Ve a la universidad, yo me alistaré para el trabajo. -

Ese día Aarón tuvo otras cinco regresiones de tiempo, dos ralentizaciones, una aceleración temporal y uno de esos episodios confusos donde se mezclan recuerdo de todas las etapas de la vida.
Esa noche, sabiendo que algo andaba mal, se despidió de su hermana - por si acaso - y se acostó dos veces y media.
Aproximadamente a las tres de la noche el flujo de tiempo cambió en su casa, y Aarón comenzó a respirar al revés.

Aarón golpeó el despertador, y éste comenzó a sonar. El estridente y molestoso sonido lo arrulló hasta que entró en el estado más tranquilo de la mente: el sueño.
En seguida despertó sobresaltado, y apagó el despertador. Sintió un frío sudor en la espalda, la respiración se le aceleró.
Había pasado de nuevo.

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